miércoles, 22 de marzo de 2017

TARIFAS DE LAS PROSTITUTAS EN POMPEYA


 

Las prostitutas cobraban precios muy diferentes por el mismo acto o por peticiones concretas. Un precio habitual era alrededor de un cuarto de denario, algo menos del salario bajo de un obrero por un día completo de trabajo. La prueba la tenemos en grafitos de Pompeya: «Optata, esclava, es tuya por 2 ases» (CIL 45105) y «soy tuya por 2 ases» (CIL 45372). Pocas eran las que cobraban menos que eso, y un insulto habitual hacía referencia a la moneda más pequeña, el quadrans, un cuarto de as, y consistía en llamar a alguien quadrantaria (puta barata). Sin embargo, algunas prostitutas consideraban que valían mucho más, como la anteriormente mencionada Attis, «tuya por un denario», o Drauca, inmortalizada en una inscripción en la pared del burdel de Pompeya: «En este lugar Harpocras se gastó un denario por un buen polvo con Drauca» (CIL 42193). Los precios son en «ases», la décima parte de un denario; lo interesante es que, incluso cuando los múltiplos de ases forman una cantidad para la cual existe una moneda concreta, como el sestercio (= 2½ ases) o el denario (= 10 ases), los precios se establecen casi siempre en ases. Esto se debe a que esa pequeña moneda era la que se utilizaba habitualmente en la calle; con dos ases podía comprarse el pan, un vaso de vino decente o un pedazo de queso. La gente corriente llevaba su dinero repartido en estas monedas, en su múltiplo (sestercios) y en su divisor (medio as o un cuarto de as). Por tanto, era natural que las prostitutas pusieran precio a sus servicios en esa moneda. Si alguien quería derrochar, aparentemente con 8 ases (es decir, aproximadamente el equivalente a un buen salario por un día de trabajo) podía comprar comida, una habitación y sexo en un prostíbulo. Naturalmente se exigía el pago por anticipado. Alrededor de dos o tres ases al día eran suficientes para ir tirando durante la mayor parte de la época imperial. La paga por día de trabajo era de entre cinco y diez ases; sin embargo, el trabajo regular para alguien que no fuera un soldado, el cual disponía de entre dos y tres ases al día para gastar además del salario inmovilizado para las deducciones obligatorias (comida, alojamiento, material y ahorro), era algo muy poco habitual. Así pues, una prostituta que trabajase regularmente, incluso cobrando únicamente dos ases por servicio, podía ganar veinte o más ases al día, lo cual era mucho más de lo que ofrecía cualquier trabajo asalariado y el doble de lo que podía recibir un trabajador bien pagado.

( Robert C. Knapp en "Los olvidados de Roma)







SPQR. UNA HISTORIA DE LA ANTIGUA ROMA, de Mary Beard








martes, 21 de marzo de 2017

ALEJANDRO MAGNO DICE SOBRE LA CONDUCTA


Recuerda que de la conducta de cada uno depende el destino de todos.












CARTA DE CICERÓN A CÉSAR


«He presenciado augurios que ningún hombre sería capaz de describir, incluso yo, que estoy acostumbrado a expresar por escrito lo que siento. Uno de ellos te concierne a ti, Julio. Todavía estás a tiempo de renunciar a tus sueños de esplendor, de triunfos y conquistas. Sin duda morirás... como ya te lo he advertido antes.»





EL SENADOR SEXTO ERUCIO CLARO


Sexto Erucio Claro (en latín Sextus Erucius Clarus) (c. 85-146) fue un senador romano que desarrolló su carrerar política a finales del siglo I y en la primera mitad del siglo II, bajo los imperios de Nerva, Trajano, Adriano y Antonino Pío.
 
Era nieto de Gayo Septicio Claro, prefecto del pretorio entre los años 117 y 119, bajo Trajano.
 
En 99 fue cuestor y después y sucesivamente tribuno de la plebe y pretor, por recomendación de Plinio el Joven. En 116, posiblemente como Legatus legionis, participó en el asedio de Ctesifonte, lo que le valió ser nombrado consul suffectus en 116 o 117. Las regiones recién conquistadas por Trajano se habían rebelado y en Ctesifonte los romanos nombraron a Partamaspates, hijo de Osroes I, rey de los partos. Erucio Claro había tomado ese año la cercana ciudad de Seleucia del Tigris junto con Julio Alejandro.
 
Su carrera se oscureció bajo Adriano, hasta que Antonino Pío lo nombró Praefectus Urbi  y lo designó como consul ordinarius en 146, falleciendo ese mismo año.
 
Su hijo fue Gayo Erucio Claro, consul ordinarius en 170.

ZENÓN DE CITIO DICE SOBRE LAS OREJAS Y LA LENGUA


Tenemos dos orejas y una sola boca, justamente para oír más y hablar menos.




HELIODORO DE EMESA


Heliodoro (Ἡλιόδωρος) de Emesa (Siria) fue un escritor griego, autor de la novela Etiópicas (Αἰθιοπικά), conocida también como Teágenes y Cariclea (Θεαγένης καὶ Χαρίκλεια).
 
Nada se sabe con seguridad de su vida, que se data de forma variable entre los siglos III y IV. Sócrates de Constantinopla (siglo V) identifica al autor de Etiópicas con un cierto Heliodoro, obispo de Trica, pero dicho nombre era muy común en la época. La noticia apareció por primera vez en la Historia de la Iglesia de Sócrates. Nicéforo Calixto (siglo XIV) extiende esta historia, relatando que el trabajo fue escrito en los primeros años de este obispo, antes de convertirse al cristianismo, y que forzado a elegir entre renegar de su autoría o renunciar al obispado, prefirió lo segundo. Sin embargo, la mayoría de eruditos rechazan esta identificación.
 
Dos particularidades asignan a la novela de Heliodoro un puesto especial. En primer lugar, el inusitado virtuosismo en la técnica narrativa; por otra parte, constituye un relevante testimonio de que nuevas fuerzas religiosas penetran en esa época. En esta novela de Heliodoro, como en las demás, se percibe con especial claridad que la lengua es producto artificioso. Todos los recursos del arte retórico y apoyaturas poéticas no pueden desmentir el carácter pobretón de este estilo. Se construyen pero no se redondean grandes períodos. La manía, sobre todo, de recargar las oraciones amontonando participios conduce a la formación de cláusulas monstruosas.